Enfermedades como Alzheimer, cáncer, daño cerebral y el ictus pueden cambiar súbitamente la vida no sólo de la persona afectada, sino del pariente que asume su cuidado. Sin apenas recursos públicos de formación y atención, los familiares tienen que aprender sobre la marcha, de manera autodidacta, medicina para entender la enfermedad, enfermería para saber cuidar, psicología para no hundirse mientras afronta las reacciones del paciente. Deprimirse o aislarse del entorno son algunos de los riesgos que implica afrontar tal reto en soledad.